Diez tips para cuidar tu piel durante las vacaciones

Enero es el mes primer mes del año, un tiempo en el que muchas personas comparten en compañía de sus familias. aprovechando para realizar diferentes actividades entre ellas viajar a diferentes lugares de nuestro
Cuando cambiamos de entorno es importante tomar precauciones para cuidar la piel, ya que si nuestro destino es cálido hay que tener en cuenta que las altas
temperaturas contribuyen a que nuestra piel sea más susceptible a resecarse, sufrir quemaduras o que puedan aparecer pequeñas lesiones. 
Aquí encontrarás una guía imprescindible para mantener la piel hidratada, luminosa y sana mientras estés expuesto al verano o a altas temperaturas de calor, de la mano del Dr. Xavier García Navarro, dermatólogo y venereologo
del Centro Médico Quirón-Teknon y la Dra. Gemma Márquez, especialista en dermatología médico-quirúrgica y venereología de IDERMA (Instituto de Dermatología Avanzada) y miembro de la Sociedad Catalana de Dermatología i Venereología de l’Acadèmia de Ciències Mèdiques de Catalunya.

1. Bebe agua

Entre el 15% y el 20% del agua de nuestro organismo se encuentra en la piel, porcentaje que con la edad va disminuyendo, ya que perdemos la capacidad para retenerla. Por ello, es fundamental hidratarte constantemente si quieres mantener una piel más flexible, firme y elástica. “Un estudio francés demostró una mejoría en la hidratación de la piel de un 14% en un grupo de personas que bebieron 1 litro de agua mineral diario, añadido al agua que ingerían con las comidas, durante 42 días. Así pues, es recomendable como mínimo beber 1 litro y medio de agua al día para un correcto funcionamiento de nuestra piel”, asegura García Navarro.

2. No te olvides de la crema

Es un ritual que deberíamos seguir a diario, sin excepción. El mejor momento para hacerlo es después de la ducha, cuando la piel está un poco húmeda, ya que favorecerá a una mayor retención de agua y, al tener los poros más abierto, el producto penetra mejor.

Según García Navarro, es un paso muy importante para aquellas pieles extremadamente secas o atópicas. Las zonas de piel más gruesas, expuestas al roce o la fricción como las plantas de los pies, rodillas y codos, debemos hidratarlas más a menudo. “En estas localizaciones convendrá hidratar la piel más a menudo y de forma más intensa, por ejemplo con cremas que contengan urea en concentraciones del 20 al 50%”, sentencia el dermatólogo. Mientras que la Dra. Márquez asegura que si no las mantenemos bien hidratadas, pueden incluso llegar a fisurarse.

3. Exfolia tu piel

La renovación celular y la descamación de la piel también se lentifica con el paso de los años, provocando un aspecto más seco, la aparición de arrugas, que algunas células muertas no son renovadas e interrumpir la correcta comunicación intercelular, generando que: la piel se deshidrate, pierda la densidad, lo que produce una barrera que acumula toxinas que impide una correcta oxigenación.
De esta manera, García Navarro asegura que la exfoliación periódica permite eliminar el exceso de células muertas, con lo que regeneramos el estrato córneo y mejoramos la capacidad de hidratación de la piel, ya que podrá absorber mejor los principios activos de las cremas hidratantes. “Es beneficioso exfoliar cada 10-15 días, pero con cuidado en el caso de las pieles sensibles donde este intervalo debería alargarse para no sufrir irritaciones”, recomienda.

4. Elige el producto adecuado

Elige el producto adecuado según tu tipo de piel y la marca preferencial, no todos los productos del mercado son igual de beneficios para todos. A veces es una cuestión de ir probando hasta encontrar el que mejor se adecue a nuestras necesidades. Hay muchas cremas y lociones hidratantes en el mercado, tanto para rostro como para cuerpo, pero sus componentes determinarán su potencia hidratante. “Hay compuestos que captan agua del exterior como el sorbitol, la glicerina, la urea o los alfa hidroxiácidos, mientras que otros previenen la pérdida de agua por oclusión física como la lanolina, siliconas, óxido de zinc y aceites minerales. También existen emolientes que restauran el espacio entre las células del estrato córneo (la capa más externa de la piel) como los ácidos grasos, el colesterol, el ácido hialurónico y el escualeno”, aclara el dermatólogo.

5. No hay dos pieles iguales

Dicen que “cada persona es un mundo”, pues es algo que también podemos aplicar a la piel. La misma crema por muy ‘maravillosa’ que sea no sienta de la misma forma a dos personas diferentes. “Conviene elegir lociones o serums en las personas con pieles más grasas, cuya textura será más fluida y menos densa, en cambio es mejor escoger cremas o bálsamos, por su contenido más graso, en los pacientes con pieles más secas”, explica el doctor. Entre los aceites esenciales que más hidratan destaca el aceite vegetal de aguacate, ya que contiene gran cantidad de vitaminas (A,B y E) y ácidos grasos. También el aceite de germen de trigo tiene buenas propiedades antioxidantes capacidad de nutrir en profundidad.

La Dra. Márquez señala que “las pieles más grasas deben usar productos ligeros y oil free, no sólo en cuánto a cremas hidratantes sino también los protectores solares, maquillajes…También recomienda aplicar serum con propiedades antioxidantes antes de la crema hidratante en la cara”.

6. La alimentación es la clave

Para formar nuevas células y mantener nutrida nuestra piel, es esencial llevar una dieta equilibrada y variada en proteínas, vitaminas y ácidos grasos.
“Un estudio surcoreano reciente demuestra una mejoría en la hidratación cutánea con la toma de un suplemento oral de 3 gramos de un péptido de colágeno. Mientras que otro publicado en 2008, asegura que una formulación oral con ceramidas, licopeno, vitamina E, ácidos grasos poliinsaturados, precursores del colágeno y aminoácidos (lisina y prolina), mejoran y previenen la deshidratación cutánea hasta un 25%”, señala el dermatólogo. Asimismo, resalta la acción de famosos betacarotenos y flavonoides, así como preparaciones orales con vitamina C, Vitamina B6, glicina y minerales con magnesio, calcio y hierro, que mejoran la hidratación del estrato córneo aproximadamente en un 30% después de 60 días. Estas propiedades puedes encontrarlas en alimentos como el chocolate negro, la avena, la zanahoria, la
naranja, el aguacate, el tomate, el kiwi, los frutos rojos, el pepino y la nuez.

7. No al tabaco y al alcohol

No es nada nuevo, pues son unos de los mayores enemigos de la piel. La nicotina provoca la contracción de los vasos sanguíneos, disminuyendo el flujo de sangre y provocando la acumulación de sustancias nocivas. Asimismo, altera diferentes proteínas de los queratinocitos, que contribuyen al correcto mantenimiento de la barrera cutánea, y acelera el estrés oxidativo de las células. “Un estudio reflejó que había una reducción significativa de la
hidratación cutánea en mujeres que fumaban entre 11 y 20 cigarrillos al día. Se ha comprobado que las cremas con vitamina E podrían retrasar o prevenir los daños que causa la exposición crónica al humo del tabaco”, explica el dermatólogo.
El consumo de alcohol reduce los niveles de oxígeno de nuestra sangre  la producción de colágeno, además de los niveles de vitamina A. Por ello, al igual que el tabaco, contribuye al envejecimiento prematuro de la piel.

8. Duerme bien

Según García Navarro, el sueño juega un papel primordial en la recuperación de la función del sistema inmunitario, también podría afectar a la producción de colágeno el principal componente de nuestra piel. “La deprivación de sueño provoca una rotura de la función barrera de nuestra piel y las mucosas. De ahí, la importancia de dormir al menos 8 horas”, concluye.

9. Deja que tu piel respire

Adopta este mantra: nunca irte a la cama con la cara ‘sucia’ o maquillada. Cuando decimos sucia, nos referimos a las partículas de contaminación que, sin que te des cuenta, se depositan en tu rostro. Esto hace que tu piel tenga más problemas para ‘respirar’ “Debemos lavar nuestra pie porque durante el día se acumulan partículas que provienen del ambiente y la contaminación y que
pueden favorecer la deshidratación y la desvitalización.
Es preferible hacerlo a base de baños cortos con agua templada, el agua
excesivamente caliente puede resecarla más”, afirma el dermatólogo.
Además, es importante el uso de jabones suaves (syndets) sin perfume, así como evitar esponjas 0 la fricción excesiva, ya que alteran el manto hidrolipídico de la piel. Tampoco deben utilizarse lociones, tónicos o perfumes con alto contenido alcohólico. Sin embargo, un lavado excesivo puede provocar un efecto contrario, pues cuanto más se moja la piel -efecto de evaporación del agua-, más se seca. “Debemos lavar nuestra pie porque durante el día se acumulan partículas que provienen del ambiente y la contaminación y que pueden favorecer la deshidratación y la desvitalización. Es preferible hacerlo a base de baños cortos con agua templada, el agua excesivamente caliente puede resecarla más”, afirma el dermatólogo.
Además, es importante el uso de jabones suaves (syndets) sin perfume, así como evitar esponjas 0 la fricción excesiva, ya que alteran el manto hidrolipídico de la piel. Tampoco deben utilizarse lociones, tónicos o perfumes con alto contenido alcohólico. Sin embargo, un lavado excesivo puede provocar un efecto contrario, pues cuanto más se moja la piel -efecto de evaporación del agua-, más se seca.
10. No abuses del sol

El sol es lo que más reseca nuestra piel y el mayor responsable de su pérdida de agua. Además, si no se tiene cuidado y se toman las medidas adecuadas para protegernos ante él, puede ser muy perjudicial.

Una sobreexposición crónica produce una degeneración del colágeno y la elastina. Es fundamental pues la aplicación de un fotoprotector solar a diario de mínimo un FPS 30+. Por su parte, la Dra. Márquez recomienda los de SPF 50+ son para garantizar mayor protección frente a la radiación solar, así como aplicarla en todas las zonas expuestas (sin olvidarse de orejas, parte posterior del cuello, pies…) media hora antes de la exposición al sol y reaplicar
cada 2 horas.

También es imprescindible evitar las horas centrales del día, al igual que no dejarse engañar por los días nublados porque recibimos la misma radiación ultravioleta.